Institución

El Presidente José Manuel Balmaceda expresaba en 1886: “es necesario desarrollar la instrucción pública en todos los órdenes del saber”. Como Diego Portales y Manuel Montt, Balmaceda concentró sus mejores esfuerzos siguiendo la orientación de Santa María, en el estímulo de la enseñanza profesional, impulsando por la ilusión de suplir con ellas las deficiencias vocacionales y de aptitudes para el trabajo fabril.

La enseñanza secundaria también experimentaba por entonces notables avances. Se fundaron en Santiago los liceos Valentín Letelier y Miguel Luis Amunátegui. Fueron encargados gabinetes y laboratorios para dar carácter experimental a la enseñanza de las ciencias básicas y naturales. El objetivo específico de los liceos se concentró en servir de preparatoria a la universidad, bajo cuya jurisdicción se mantuvieron hasta 1927.

El Liceo Amunátegui se fundó el 21 de febrero de 1890 bajo un decreto que decía: ”Créase para la ciudad de Santiago un liceo de instrucción secundaria que funcionará en el barrio Yungay”

Toda una partida de nacimiento para un establecimiento de 126 años de existencia que viene cumpliendo una ininterrumpida y fructífera labor educativa y cuya proyección trasciende con holgura el barrio para el cual se creó.

Su primer rector fue el notable oriundo de Puerto Rico, Eugenio María de Hostos, con su fecundo período de ocho años. La ubicación del liceo estuvo entre las calles Portales y Huérfanos, recinto reducido donde funcionaron tres cursos de preparatorias y un primer año de humanidades que fue aumentado hasta tener al cabo de seis años, las humanidades completas. Más tarde se trasladó a la calle Chacabuco entre Compañía y Huérfanos, local con mayor amplitud física. Allí estuvo poco tiempo ya que se ubicó ahora en Matucana esquina Huérfanos, recinto que ocupaba un cuartel de policía. El periplo prosiguió en la ubicación de Santo Domingo esquina de Maipú. Finalmente ancló en su actual ubicación, Agustinas entre Esperanza y Maipú, un edificio construido por la Alianza Francesa. Originalmente funcionaba en él un Instituto de Sordomudos, consiguiendo la cesión definitiva el segundo rector, don Juan Antonio Alvarado.

Una pléyade de dieciséis rectores y maestros de gravitante presencia en la educación chilena, articularon capacidades y recursos para estructurar una doctrina pedagógica que, a partir de las ciencias y las humanidades como ejes, asumió un repertorio de urgencias en el desarrollo social y dotó a sus educandos de una vigorosa plenitud intelectual y moral.

A partir del año 1985, su carácter de liceo de hombre, asume la modalidad coeducacional, integrando al plantel el segmento femenino y a partir del 2002 se integra al régimen de Jornada Escolar Completa (JEC).